Son un complemento, y no un sustituto, del análisis de flujo de caja
descontado. Para elegir un plan de crecimiento se deben deben usar los
dos métodos en secuencia. Cómo lograr una evaluación de proyecto de
inversión que incluye un alto nivel de incertidumbre.
Por Alexander B. Van Putten Y Iian C. MacMillan © HARVARD BUSINESS REVIEW
A pesar de todo su atractivo teórico como forma de valorar proyectos de
crecimiento, las opciones reales han tenido dificultad para ganar
popularidad entre los ejecutivos.
Los directores financieros dicen que sobreestiman el valor de proyectos
inciertos, empujando a las empresas a invertir demasiado en ellos. En
el peor de los casos, otorgan a los directivos excesivamente ambiciosos
una licencia para apostar el dinero de los accionistas.
Esta resistencia emana, al menos en parte, de la sospecha de que es
riesgoso aplicar herramientas de valoración que han sido desarrolladas
para opciones financieras bien definidas a complejos proyectos de
negocios.
Las herramientas obligan a los ejecutivos a adoptar muchos supuestos
simplificadores y por ende, según esta creencia, no pueden capturar
plenamente los multifacéticos riesgos y oportunidades de una propuesta.
Estas inquietudes son legítimas, pero creemos que descartar las
opciones reales como modelo de valoración es igualmente malo.
Las empresas que se apoyan en el análisis de flujo de caja descontado
para valorar sus proyectos caen inevitablemente en la trampa de
subestimar su valor y, en consecuencia, no invierten lo suficiente en
oportunidades inciertas pero altamente prometedoras.
¿Cómo pueden los ejecutivos escapar a este dilema? Al indagar en su
reticencia al análisis de opciones reales como metodología de
valoración, hemos llegado a la conclusión de que gran parte del
problema radica en el supuesto tácito de que los métodos de valoración
de opciones reales y de flujo de caja descontado son mutuamente
excluyentes.
Creemos que ese supuesto es falso. Los ejecutivos deben integrar ambos
enfoques si quieren hacer valoraciones que reflejen la realidad y
complejidad de los proyectos de crecimiento de su empresa. Lejos de ser
un sustituto del análisis de flujo de caja descontado, las opciones
reales son un complemento esencial porque permiten a los ejecutivos
capturar el considerable valor de poder abandonar fríamente proyectos
inseguros antes de hacer grandes inversiones.
Esto no quiere decir que no existan serios problemas con la forma en
que los ejecutivos calculan el valor de las opciones reales. Los hay.
Para empezar, las opciones reales, tal como se aplican actualmente, se
enfocan casi exclusivamente en los riesgos asociados a los ingresos,
ignorando los riesgos asociados a los costos de un proyecto.
También es cierto que la valoración de opciones típica casi siempre
ignora el hecho de que las inversiones iniciales en un proyecto,
incluso en uno que pudiera finalmente ser abandonado, muchas veces
dejan a la empresa con un activo que puede transar; un beneficio, si se
quiere, del fracaso. Desde luego, éstas no son las únicas dificultades
que los ejecutivos encuentran al usar opciones reales, pero son quizás
las fuentes más fundamentales de error, y el enfoque integrado que
presentamos en este artículo las aborda específicamente.
La teoría no siempre se cumple
El análisis tradicional de flujo de caja descontado se basa en el
sencillo principio de que una inversión debería ser financiada si el
valor presente neto (VPN) de sus flujos de caja futuros es positivo; en
otras palabras, si creará más valor del que costará.
Esto funciona bien si estamos proyectando flujos de caja futuros a
partir de algún contexto histórico y tenemos suficiente certeza de las
tendencias futuras, pero no cuando nuestras estimaciones de esos flujos
de caja se basan en una multitud de supuestos sobre qué podría deparar
el futuro a mediano y largo plazo.
En tales casos, las posibilidades de pronosticar con exactitud los flujos de caja son bastante escasas.
No sólo eso: aun suponiendo que podamos llegar a una estimación base
razonablemente exacta de los flujos de caja, el análisis requiere que
éstos sean descontados a una tasa alta para reflejar las remotas
posibilidades de alcanzar los retornos proyectados.
Como resultado, todos los riesgos de la incertidumbre (la posibilidad
de que los flujos de caja reales sean mucho menores que lo
pronosticado) son capturados en la valoración, pero no así ninguna de
sus recompensas (la posibilidad de que los flujos de caja reales sean
mucho mayores que lo pronosticado). Este sesgo inherente puede llevar a
los ejecutivos a rechazar proyectos altamente prometedores, aunque
inciertos.
El desafío, por lo tanto, es hallar una forma de recapturar parte del
valor perdido mediante la conservadora valoración del flujo de caja
descontado, sin dejar de protegerse contra los considerables riesgos de
emprender proyectos altamente inciertos.
Aquí es donde entran las opciones. La posibilidad de que el proyecto
pueda tener retornos en el extremo alto de los pronósticos potenciales,
tan difícil de tomar en cuenta para el análisis de flujo de caja
descontado, es el principal impulsor del valor de opción.
Las opciones otorgan el derecho, pero no la obligación, de invertir en
un proyecto. Por lo tanto, su valor está impulsado por la posibilidad
de lograr una gran ganancia, combinada con el hecho de que las empresas
normalmente pueden abandonar sus proyectos antes de que su inversión en
ellos haya costado demasiado, limitando así la pérdida.
El valor de una opción debe, en consecuencia, aumentar conforme aumenta
la incertidumbre (y, por ende, la ganancia potencial) que rodea al
activo subyacente, sea ese activo financiero o “real”.
Visto así, nos parece claro que el análisis de flujo de caja descontado
y las opciones reales son complementarios y que el valor total de un
proyecto es la suma de sus valores.
La valoración del flujo de caja descontado captura una estimación base
del valor; la valoración de opciones agrega el impacto de la potencial
incertidumbre positiva.
Una advertencia, sin embargo. No se puede enfatizar demasiado que un
enfoque de opciones reales sólo puede emplearse en proyectos de alguna
forma estructurados como opciones; es decir, en proyectos que pueden
ser abandonados antes de comprometerse a realizar grandes desembolsos
financieros si se hace evidente que las cosas no saldrán bien.
Por ejemplo, no se aplicaría a valorar una oportunidad que requiera
hundir enormes sumas en construir una nueva fábrica antes de tener el
primer indicio de que la apuesta pagará.
Una vez que se acepta la noción de que el valor de un proyecto tiene
tanto un componente de flujo de caja descontado como un componente de
opciones, también se hace evidente que la proporción del valor total de
un proyecto aportada por cada componente variará según el grado de
incertidumbre asociado al proyecto.
En las primeras etapas de un proyecto innovador, el valor del
componente de flujo de caja descontado será bajo, debido a la necesidad
de usar una alta tasa de descuento para ajustar por la naturaleza
incierta de los flujos de caja futuros.
Al mismo tiempo, lo más probable es que el valor de las opciones reales sea alto, debido a esa misma incertidumbre.
Si la valoración del flujo de caja descontado es alta, la decisión es
fácil: simplemente proceda, ya que el éxito en el proyecto parece muy
seguro y es probable que rinda atractivos beneficios.
Si la valoración de flujo de caja descontado produce una cifra
fuertemente negativa y todo el valor proviene de la opción, entonces el
proyecto probablemente deba ser rechazado, a menos que pueda crearse
una estructura de inversión que permita a los ejecutivos aprender mucho
sobre el proyecto, rápidamente y a muy bajo costo. Esta regla general
podría hacer que las empresas ocasionalmente dejen pasar inversiones
rentables, pero en nuestra experiencia la mayoría de las empresas
grandes tiene más proyectos de los que puede financiar o dotar de
personal.
Por lo tanto, aun cuando el valor de la opción sea alto, ¿por qué
perder tiempo en un proyecto que carga un gran valor negativo de flujo
de caja descontado? Es simplemente demasiado riesgoso, así que pase a
algo mejor.
Intuición o análisis
Hemos encontrado que la mayoría de los proyectos de crecimiento está en
algún punto intermedio. Cuando el valor de flujo de caja descontado de
un proyecto es modestamente positivo, o un tanto negativo, el proyecto
se halla en lo que llamamos la “zona de opciones”: el área gris donde
los ejecutivos normalmente se han visto obligados a depender de su
intuición al tomar la decisión de invertir.
Es aquí donde nuestro marco resulta especialmente útil, porque el valor
de opción puede proporcionar lógica para apoyar o refutar esa intuición.
Ajustar por costo
Dicho eso, quedan dos serios problemas con las valoraciones de
opciones. Primero, es difícil encontrar buenos sustitutos para las
variables de entrada que el modelo requiere. Las opciones financieras
usan una medida de volatilidad derivada de los precios históricos
fácilmente observados de los activos subyacentes.
Pero, casi por definición, no hay cifras históricas que los ejecutivos
puedan usar al tratar de derivar el valor de opción de un proyecto
innovador; ni siquiera para estimar el valor presente neto del activo
subyacente, y mucho menos su volatilidad.
Segundo, aun cuando los ejecutivos consigan encontrar buenos sustitutos
para las variables de entrada del modelo de opciones, siguen siendo
vulnerables a un importante error conceptual.
En los enfoques actuales de valoración de opciones, cuanto más
variables son las utilidades, mayor es la valoración del proyecto. A su
vez, la variabilidad de las utilidades se deriva de estimaciones de
cuán inciertos probablemente sean los ingresos y los costos.
Esto parece razonable, pero conduce a un resultado inconveniente: el
análisis mecánico de opciones valorará más alto un proyecto con
ingresos relativamente predecibles, pero con costos impredecibles, que
un proyecto con los mismos ingresos predecibles, pero con costos
predecibles.
Creemos que esto está mal. Cuando la incertidumbre sobre los costos
potenciales es mayor que la incertidumbre sobre ingresos potenciales,
la volatilidad del costo debería disminuir, y no aumentar, el valor de
un proyecto.
¿Por qué? A diferencia de los ingresos, en los que la volatilidad puede
implicar tanto un potencial de ganancia como de pérdida, cuando se
trata de los costos el potencial de pérdida es generalmente mucho
mayor. Es decir, el margen por el cual los costos exceden sus
estimaciones es casi siempre mayor que el margen por el cual resultan
más bajos.
Tome, por ejemplo, el caso de un consorcio europeo que se lanzó a
construir un nuevo avión de combate con un costo proyectado de
u$s20.000 millones. Ahora, el proyecto está retrasado quince años y el
costo estimado es de u$s45.000 millones, un exceso de 125 por ciento.
Habitualmente no vemos ahorros de costos en ninguna escala semejante a
ésta.
Con la mayoría de los proyectos, se puede tener certeza del costo
mínimo, que pone un piso respecto de cuán bajos pueden caer los costos.
Pero no existe un techo para los sobrecostos.
Más aún, la posibilidad de que la incertidumbre ocasione excesos de
costos aumenta cuando las empresas buscan oportunidades de crecimiento
en áreas que escapan a su experiencia directa. Su apreciación de los
riesgos de un proyecto, como el trabajo ganador del Premio Nobel de los
psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky ha demostrado, es
sistemáticamente demasiado optimista.
Dado que los costos son volátiles en una forma diferente de como lo son
los ingresos, la fórmula para determinar el valor de opción debe ser
ajustada cuando la volatilidad de los costos es mayor que la
volatilidad de los ingresos.
En principio, se podría estimar un valor ajustado de opción (VAO) que
refleje la naturaleza negativa de la incertidumbre de costo, calculando
separadamente el valor de opción de los ingresos y luego restando el
“valor” de opción de los costos.
En la práctica, sin embargo, no hay necesidad de calcular el impacto de
la volatilidad de los costos en forma separada del impacto de la
volatilidad de los ingresos. Existe un enfoque más simple, que es
suficientemente bueno para inferir el VAO de un proyecto, cuando sea
necesario, y que tiene la ventaja de ser rápido y sencillo.
Rapidez y sencillez es lo que se necesita en la mayoría de las
valoraciones: en cualquier empresa que tenga muchos más proyectos en
consideración que fondos o personal para apoyarlos, los ejecutivos no
necesitan tener un valor preciso para un proyecto específico; sólo
necesitan saber si un proyecto es preferible a otros que compiten por
los fondos y talento limitados de la empresa.
Así, más que preocuparse sobre si una valoración particular es precisa,
los ejecutivos deberían verla como un criterio que les permita escoger
los mejores entre los proyectos contendientes.
Mientras se sientan seguros de que todos los proyectos que solicitan
fondos están siendo valorados de la misma forma, pueden estar
razonablemente confiados de que, en promedio, seleccionarán y asignarán
recursos a los mejores.
Por lo tanto, en términos simples, para dar a los costos una
ponderación más real en una valoración de opciones, cuando la
volatilidad de éstos es mayor que la volatilidad de los ingresos,
ajustamos la volatilidad del proyecto como un todo (la cifra de
volatilidad que normalmente ingresamos en un cálculo de opciones) para
reflejar la naturaleza negativa de la volatilidad de costos.
Luego aplicamos ese número ajustado a la valoración de opciones del
proyecto. El ajuste se realiza de acuerdo con la siguiente fórmula: si
la volatilidad de los costos es mayor que la volatilidad de los
ingresos: volatilidad ajustada = volatilidad del proyecto _
(volatilidad de los ingresos ÷ volatilidad de los costos).
En otras palabras, si tenemos más certeza de los ingresos proyectados
que de los costos proyectados, la razón de volatilidad de los ingresos
a volatilidad de los costos será menos de uno, lo que reducirá la
volatilidad total y eso, a su vez, reducirá el valor de opción del
proyecto.
Por ejemplo, para un proyecto con una estimación de volatilidad total
de 45%, una volatilidad de ingresos de 40% y una de costos de 60%, la
volatilidad ajustada será de 45% (40% + 60%) = 30 por ciento.
Este ajuste tiene el efecto de descontar el valor de la opción debido a
la mayor volatilidad de los costos. Si la volatilidad de los ingresos
es mayor que la de los costos, entonces la variable de volatilidad del
proyecto en el cálculo de opciones reales no necesita ser ajustada.
Recompensas del fracaso
No ajustar el valor de opción para reflejar los riesgos de costo no es
la única fuente de error. El segundo componente de opciones a menudo
ausente de los cálculos de los ejecutivos y que nuestro enfoque
incorpora es el valor de abandono (VAB) de un proyecto.
Al buscar formas de reducir la volatilidad de costos, los ejecutivos
muchas veces descubren que pueden recuperar parte de las inversiones
que han hecho, en caso de fracaso.
Estas oportunidades de crear valor adicional al frenar un proyecto
pueden verse como el equivalente de las opciones de venta familiares
para inversionistas financieros, que sirven como cobertura contra
caídas en el precio del activo subyacente.
El valor de abandono puede surgir de varias maneras. En algunos casos,
las inversiones iniciales que deben ser abandonadas pueden ser valiosas
para otra unidad de negocios de la misma empresa.
Tome el ejemplo de una empresa industrial de gran tamaño que había
desarrollado un precursor de vitaminas sobre la base de plantas. Era
una tecnología novedosa, pero parecía tener escaso valor para la
industria de cuidado de la salud porque no tenía un desempeño
claramente superior que otros compuestos existentes. Sin embargo, otra
división de la empresa tomó el compuestos y lo usó en un joint venture
que estaba desarrollando nuevos aditivos para alimentos destinados a la
industria asiática de acuicultura, donde se demostró que el compuesto
aceleraba la tasa de crecimiento de los camarones cultivados.
En otras situaciones, las inversiones iniciales podrían crear un activo
que se pueda transar por dinero o por capital de una tercera empresa.
GlaxoSmithKline, por ejemplo, desarrolló un antibiótico experimental
que exhibía potencial para tratar infecciones de estafilococos
resistentes a los medicamentos, pero que no se creía con posibilidades
de convertirse en la clase de superventas que la empresa necesitaba
para apoyar su ritmo de crecimiento. En vez de consignar la propiedad
intelectual a su biblioteca de compuestos, la firma generó valor de
abandono al transar las patentes, la tecnología y los derechos de
comercialización para desarrollar este antibiótico por patrimonio en
Affinium, una empresa de biotecnología de capital cerrado.
Para ver cuán seriamente toman los ejecutivos el valor de abandono,
considere lo que ocurre en negociaciones de joint ventures, donde el
tema del control sobre el futuro de la empresa conjunta suele debatirse
acaloradamente.
El costo de poseer 1% más del joint venture que la otra parte, en un
acuerdo entre dos partes, es generalmente mucho más alto que el valor
económico ligado a esa participación adicional de 1 por ciento.
Esto se debe a que la parte controladora normalmente puede forzar la
liquidación de la empresa si se producen problemas, y los ejecutivos
entienden que este privilegio tiene valor, el cual puede calcularse
explícitamente en el transcurso de las negociaciones.
Si la oportunidad de crear valor en la salida existe o se puede hacer
que exista, los ejecutivos deberían incluir ese factor en sus
valoraciones de proyectos. Esto implica otro cálculo de opciones.
Debido a que la de salida es por lo general relativamente simple (una
opción de venta), los ejecutivos pueden aplicar con bastante facilidad
herramientas financieras como la fórmula Black-Scholes-Merton. El valor
estimado del activo creado por la inversión abortada es el precio de
ejercicio.
El rango histórico de precios pagados por activos comparables determina
la volatilidad. La fecha en que la empresa debe decidir si continúa o
no invirtiendo en el proyecto es el tiempo de expiración. Los desafíos
del crecimiento están obligando a las empresas a evaluar y apoyar
proyectos cada vez más inciertos. Esto requiere algún tipo de marco de
opciones con el fin de valorarlos apropiadamente.
Pero los directores de Finanzas y los CEO expresan justificables
inquietudes frente a la idea de simplemente reemplazar el largamente
fiable modelo de flujo de caja descontado por un cálculo de opciones
reales. El enfoque integrado que hemos presentado atiende esas
inquietudes y permitirá a los ejecutivos hacer inversiones más
agresivas sin dejar de cumplir con sus responsabilidades fiduciarias.
Invitamos a probarlo en unos cuantos proyectos piloto, aquellos que su
intuición les indique que merecen financiamiento a pesar de lo que
sugieran las cifras de flujo de caja descontado, o aquellos con altos
valores de opción sobre los cuales aún así tengan reservas.
Pero recuerde: las valoraciones de opciones sólo tienen sentido cuando
se aplican a proyectos a los que se puede poner fin tempranamente y a
un bajo costo si las cosas no salen bien. Y ningún método de valoración
salvará a una empresa que no se retira rápidamente cuando el proyecto
no cumple su promesa inicial y no vuelve a desplegar su talento y
financiamiento en otra parte. Si esta disciplina no es incorporada en
todo proyecto de opciones, usted no estará invirtiendo, estará
apostando.
Alexander B. van Putten (
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)
es el director de Triad Consultants y profesor adjunto en Wharton
School of Business University of Pennsylvania, en Filadelfia.
Ian C. MacMillan es profesor en Wharton School.


















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