*Editorial revista Foco 76
Esta es la historia de un hombre llamado Santiago. Un individuo grande y viejo, cuya personalidad ha sido criada y crecida alrededor de cientos de historias. Un tipo, un buen tipo, que ha sido pintado, fotografiado, escrito, cantado, soñado, aventurado. Esta es la historia de un hombre llamado Santiago y de cómo ha sido vestido, peinado y maquillado por el arte y la cultura.
La metáfora de Santiago como persona funciona perfecto como motivo central de este número de Foco 76, un unitario dedicado a las manifestaciones culturales urbanas, que han sido los sastres de nuestra capital desde que Valdivia escogió la ribera sur del río Mapocho para levantar su Ciudad de los Césares. Porque si hay algo hermoso que tiene nuestra ciudad es su construcción mítica. Existe la idea errada de que Santiago culturalmente es nada al lado de Lima y Buenos Aires. Puede ser que en la superficie así sea.
Faltan librerías, teatros, el patrimonio está descuidado, la arquitectura nueva no respeta a la antigua, la gente es -en teoría- menos culta, escasean los espacios públicos. Pero bajo estas capas, en lo subterráneo, lo que se siente bajo el asfalto es que Santiago hierve y crece como una urbe heterogénea, llena de matices, complejidades y mezclas. Porque ésa es la identidad cultural de nuestra Región Metropolitana, la suma de partes, la mezcolanza moderna y posmoderna que enuncian (sin explicar demasiado) algunos autores.
En los últimos años, este Santiago universal, moldeable, ha cambiado, ha mutado como nunca antes. En un proceso al que quizás no se le pueda llamar aún cultural, sino más bien cool-tural. Porque, como un gigantesco vampiro de vidrio y cemento, Santiago ha ido chupando tendencias de todas partes, alimentándose de modas que le han dado un estilo trendy, moderno, internacional.
Santiago está quizás más confuso que antes, pero en esta confusión es perfecto. Porque Santiago es una ciudad con nombre de persona. Y ese es un don y también una maldición. Porque a la hora de enfocarla, de buscarle una personalidad cultural definida, ésta se nos arranca y varía, se transforma en un estado de ánimo.
Rafael López Rueda
Gerente general de Chilectra



















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